La situación en Venezuela se asemeja a un "protectorado" bajo control de Estados Unidos, con un gobierno fragmentado que mantiene capacidades represivas para una transición política pactada.
Estados Unidos busca estabilidad en la región y la integración de Venezuela al sistema energético mundial, dada la inestabilidad en Medio Oriente. Se necesita un gobierno legítimo y elecciones para atraer inversiones y reconstruir el país.
La explotación de gas offshore y la reactivación de la Faja Petrolífera del Orinoco continúan, incluso en zonas afectadas por el terremoto, evidenciando un dinamismo económico incipiente fuera del área de desastre.