El abogado brasileño Rafael Balín, quien fue postulado por el gobierno de Lula da Silva para integrar el comité de derechos humanos de la ONU, no logró ingresar al organismo a pesar de haber estado cerca.
Poco después, Balín apareció como abogado defensor de Cristina Fernández de Kirchner ante el mismo organismo internacional al que aspiraba a integrar.
Este hecho generó cuestionamientos sobre la celeridad y las motivaciones detrás de su postulación y posterior defensa, en el marco de un contexto de análisis sobre las acciones del "peronismo" y "los últimos gobiernos", incluyendo supuestos actos de corrupción.