Se alerta sobre la posibilidad de que la ley de tierras, al flexibilizar las restricciones a la inversión extranjera, pueda llevar a la fragmentación del territorio nacional y a la pérdida de soberanía. Se compara la situación con proyectos en Honduras que fueron frenados por su impacto ambiental y contra los intereses del país.
Se menciona la preocupación global por el desarrollo de la inteligencia artificial y su consumo energético, así como la resistencia a estos avances por parte de algunos sectores, como se evidencia en la crítica hacia el Papa Francisco por parte de un sector vinculado a la IA. Se reitera la importancia de la ley original de 2011, que buscaba proteger la reserva de agua dulce y la tierra como patrimonio nacional, con el respaldo de figuras como Bergoglio y Tucho Fernández.