Se debate la afirmación de que el gobierno de Javier Milei es una dictadura, y se cuestiona la defensa de los crímenes de la dictadura militar por parte de algunos sectores. Se argumenta que esta postura es una falta de respeto a la historia argentina y a las víctimas del terrorismo de Estado.
Se niega que existan privilegios para los genocidas durante la gestión de Milei y se critica el desfinanciamiento de los organismos de derechos humanos y la estigmatización de quienes los defienden.
Se compara la situación con la simbología del "Eternauta" para ilustrar cómo se puede justificar la represión en nombre de la nación. Se reitera que Argentina es una democracia y que las acusaciones de dictadura carecen de fundamento fáctico, a pesar de las opiniones disidentes.