El presidente Javier Milei presentó un ambicioso plan de reformas estructurales, calificándolo como el más importante de los últimos 91 años, con un enfoque central en la reforma de la carta orgánica del Banco Central.
Milei denunció la "estafa de falsificar dinero para financiar a la alta política", identificando la inflación como su manifestación más clara y calificándola como un "impuesto inflacionario" que permite aumentar ingresos tributarios sin autorización del Congreso. Señaló que desde la creación del Banco Central, la inflación acumulada ha sido de 20 dígitos, y desde la salida de la convertibilidad en el siglo XXI, asciende al 168.580%.
Se detallaron cinco premisas fundamentales para la reforma: la preservación del valor de la moneda como misión principal del Banco Central, la prohibición taxativa de la financiación del Estado (incluyendo provincias y municipios), un mecanismo de remoción más exigente para el directorio del Banco Central (requiriendo dos tercios de ambas cámaras del Congreso), la restricción del pago de dividendos y la eliminación de figuras como las letras intransferibles. Además, se eliminan objetivos múltiples para el Banco Central, volviendo a su misión fundamental de preservar el valor de la moneda.
El presidente también anunció un "grillete fiscal", una regla fiscal permanente para evitar presupuestos deficitarios, que implicará el shutdown automático del Estado y la no percepción de sueldos por parte de funcionarios si no se cumple. Se enviarán proyectos para reformar el mercado de capitales y el de seguros, buscando eliminar al Estado de intermediaciones y fomentar la inversión y la competencia.