La política migratoria del gobierno de Pedro Sánchez en España ha sido objeto de fuertes críticas, acusándola de generar xenofobia y réditos políticos. Se argumenta que el sistema de seguridad social español cobija a inmigrantes, muchos de ellos ilegales, otorgándoles derechos que luego se traducen en favores políticos. Esta situación ha provocado reacciones de xenofobia creciente entre los ciudadanos españoles, quienes se ven afectados en su vida cotidiana.
Se describe la situación en Ceuta como una "pesadilla anticipada" de la inmigración descontrolada, donde la ciudad se ve duplicada por una "horda de inmigrantes" que, según se menciona, eran conducidos por bandas criminales de trata de personas. Se critica la estrategia de abrir fronteras y legalizar inmigrantes con la promesa de beneficios, lo que genera descontento y reacciones adversas.
La política de Sánchez contrasta con la de Giorgia Meloni en Italia, quien llegó al poder con un discurso claro de control migratorio. Se señala la incoherencia de las izquierdas, que predican solidaridad pero cuyas políticas terminan generando problemas. La situación en Ceuta y Melilla se presenta como un espejo de lo que podría ocurrir con la inmigración descontrolada en grandes urbes.