Se plantea la hipótesis de que el trato de los medios europeos hacia Argentina, especialmente después de la final del mundial, está influenciado por la política. Se menciona que figuras como Samuel L. Jackson han acusado a los argentinos de racistas, lo cual se interpreta como parte de una campaña orquestada por el progresismo.
Se argumenta que esta narrativa se alinea con la postura política de líderes como Sánchez, Trump y Meloni, y que figuras como Infantino, a pesar de su rol en la FIFA, demuestran desconocimiento del fútbol. Se sugiere que la supuesta campaña contra Argentina busca desacreditarla por tener un presidente anti-progresista y defensor de los valores occidentales.