Se debatió la propuesta de la boleta única de papel, con críticas a la postura del presidente Javier Milei sobre el tema. Se argumentó que esta modalidad, lejos de ahorrar costos, podría ser más cara y que premia la imagen de los candidatos por sobre su capacidad o espacio político, fomentando la elección de "famosos" en lugar de "capaces".
Se mencionó que la boleta única podría impedir la presencia de boletas de algunos partidos en el cuarto oscuro, ya que se requeriría una cantidad significativa de fiscales para cuidarlas. Se citó un estudio de CIPEC que indicaba que el robo de boletas era marginal. Se cuestionó la idea de que el peronismo es el único que hace fraude, señalando ejemplos en provincias como Corrientes con sistemas similares donde no hay maniobras electorales.
Se planteó que la resistencia a la boleta única no se basa en el fraude, sino en la posibilidad de que los partidos pierdan financiamiento estatal para la impresión de boletas, lo cual se vería reducido con las PASO. Se comparó la situación con la democracia desde 1983, donde la boleta única no impedía la elección de representantes.