La corrupción estructural en Perú es un mal endémico que se manifiesta en todos los niveles del Estado, desde el gobierno central hasta las instancias subnacionales, y se relaciona directamente con la inseguridad ciudadana.
La falta de vocación y tecnocracia en la administración pública, sumada al clientelismo y amiguismo en la asignación de cargos y contratos, perpetúa la corrupción y la ineficiencia estatal.
Se enfatiza la necesidad de refundar el Estado, promoviendo un sistema burocrático y tecnocrático con funcionarios capacitados y salarios adecuados, para garantizar la eficiencia y combatir la corrupción.
La corrupción se extiende a diversos ámbitos como la minería ilegal, el contrabando y el narcotráfico, afectando la ejecución de obras públicas y la calidad de vida de los ciudadanos.