Se reaviva el debate sobre las declaraciones de Javier Milei hacia Lula da Silva y la justicia brasileña. Se cuestiona si es diplomático insultar a un presidente y se defiende la legitimidad de Lula, argumentando que su causa fue revisada por la justicia brasileña.
Se establece una distinción entre las discusiones políticas e ideológicas históricas con Brasil y los insultos personales. Se sugiere que la moderación diplomática debería ser recíproca y que no se puede atacar a un presidente mientras se defienden otros símbolos, como la bandera de Malvinas.