Keiko Fujimori, al asumir la presidencia de Perú, ha puesto un énfasis particular en la crisis climática y la inseguridad, buscando legitimar su gobierno y conectar con sectores sociales que tradicionalmente le han sido adversos. La estrategia incluye la petición de facultades extraordinarias al legislativo para abordar el fenómeno El Niño y la delincuencia.
La debilidad de la infraestructura peruana ante desastres naturales y la persistente inseguridad ciudadana presentan tanto una crisis como una oportunidad política para Fujimori. Al centrarse en estos temas, busca ganar apoyo y mostrar un enfoque proactivo, diferenciándose de posturas negacionistas sobre el cambio climático.
Expertos señalan que esta aproximación podría facilitar la obtención de votos de la oposición moderada y la delegación de facultades. Sin embargo, queda por ver si las promesas se traducirán en acciones concretas y si se mantendrá el respeto a las libertades individuales en la lucha contra el crimen.