Keiko Fujimori se perfila como una derecha conservadora, diferenciándose de la derecha radical por su discurso de respeto a la institucionalidad y las libertades individuales, a pesar de la herencia autoritaria de su padre.
Se destaca la necesidad de que el gobierno de Fujimori respete la institucionalidad y ponga orden en el país, combatiendo el crimen organizado sin vulnerar las garantías civiles.
La experiencia de gobiernos democráticos en Latinoamérica para resolver la inseguridad pública es limitada, lo que plantea un reto para Perú en su búsqueda de soluciones efectivas.
La construcción de cárceles y la mejora del sistema penitenciario son puntos clave en la agenda de Fujimori, buscando un mayor control sobre los centros de reclusión.