En Brasilia, el lobby agrícola ejerce una influencia significativa en la política ambiental, controlando a más del 60% de los diputados y promoviendo leyes que benefician al sector agropecuario.
A pesar de la apuesta por la tecnología de punta, el sector agropecuario mantiene una mentalidad atrasada, sin comprender la necesidad de protegerse a sí mismo ante el desequilibrio climático, del cual serían los primeros en sufrir las consecuencias.