El lobby agrícola en Brasil presiona por la relajación de las leyes ambientales, priorizando el lucro sobre la protección de los recursos naturales.
Los infractores ambientales, en su mayoría, no pagan las multas impuestas por organismos como el ICMBio y el IBAMA, evidenciando la impunidad.
La defensa de los intereses del lobby agrícola en el Congreso brasileño dificulta la aplicación efectiva de las normativas ambientales.