Se discute la apertura a los soviéticos respecto al desarrollo atómico, a pesar de la posibilidad de una carrera armamentista. La preocupación principal es cómo mantener la ventaja moral si se usa el arma sin informar a los aliados, lo que podría ser percibido como una amenaza.
La información sobre la falta de uranio en Rusia es cuestionada, sugiriendo que podrían estar mal informados. La necesidad de mantener el programa nuclear a toda marcha después de la guerra se contrapone a la idea de informar a los soviéticos, generando un dilema en las relaciones internacionales y la estrategia de defensa de EE.UU.
"Los secretos no evitarán que los soviéticos formen parte del mundo atómico", se advierte, subrayando la inevitabilidad de la proliferación nuclear y la necesidad de una estrategia clara frente a la Unión Soviética.