La izquierda europea enfrenta un desafío creciente con el avance de la ultraderecha, lo que le ha impedido abordar de manera efectiva problemáticas como la inmigración y la cuestión energética.
Se critica la tendencia de la izquierda a culpar a la ultraderecha por sus propios problemas, impidiendo una reflexión profunda sobre los núcleos que realmente les afectan. La multiculturalidad y la tolerancia, valores defendidos por algunos sectores, parecen no tener una correspondencia esperada frente a la realidad.