El economista defendió sus calificativos hacia Lula como "ladrón" y "presidiario", argumentando que son verdades basadas en condenas y su paso por prisión. Rechazó la idea de que sus palabras sean agresivas, comparando la situación con el robo de un celular y afirmando que decirle "ladrón" al ladrón es menos grave que el acto de robar.
Descartó la teoría de una conspiración geopolítica con Trump para liderar la región y la idea de un acuerdo con Cristina Kirchner para que la justicia la libere. Explicó que sus declaraciones son a veces espontáneas y dependen de cómo siente la situación, no de un plan preestablecido.
Señaló que su carrera política ha logrado expandir las ideas de la libertad en la región, pasando de un país "rojo" a uno mayoritariamente "azul". Afirmó ser un "cruzado por las ideas de la libertad" y no actúa para contentar a otros presidentes.
Mencionó que el kirchnerismo es la "sucursal argentina del socialismo del siglo XXI" y que figuras como Lula, Petro, Evo Morales y Pedro Sánchez también han proferido insultos, pero se enojan cuando él responde con verdades.