Se profundiza en el contacto entre Oppenheimer y Jim Tatlock, un comunista conocido. Oppenheimer admite haber visto a Tatlock en 1943, pero insiste en que nunca habló de secretos del proyecto, a pesar de que Tatlock le exigió respuestas sobre su paradero.
La conversación revela la complejidad de las relaciones personales y profesionales en el contexto de la guerra y la seguridad nacional, donde los lazos de amistad y las lealtades políticas se entrelazan de manera conflictiva.