Oppenheimer se muestra cauto al hablar con Lomanitz, advirtiéndole sobre la necesidad de ser discreto. Se menciona la vigilancia sobre "El Tentón" y la posible necesidad de investigarlo.
La conversación revela la complejidad de la seguridad en Los Álamos, donde las sospechas de infiltración comunista y las relaciones con el consulado soviético generan un clima de desconfianza. Oppenheimer intenta mediar y evitar una "cacería de brujas", pero la presión de Pash y el FBI es considerable.