El debate sobre la "revolución de la física" y el expediente de Oppenheimer se intensifica con discusiones sobre la urgencia de los desarrollos científicos y la necesidad de aviones para el país.
Los científicos discuten la viabilidad de un edificio para el ciclotrón y los plazos de entrega, mientras Oppenheimer muestra preocupación por la posible aplicación de sus descubrimientos como armas de destrucción masiva, expresando su deseo de que la física no culmine en tal fin.
La urgencia por la amenaza nazi se impone, llevando a la decisión de nombrar a Hans Bette como director de la división teórica, a pesar de las reticencias de Oppenheimer.