Oppenheimer explica que sus escrúpulos morales respecto a la bomba de hidrógeno surgieron al percibir que se usaría cualquier arma disponible, y no solo como parte de un balance estratégico.
Describe su trabajo en la bomba de hidrógeno como una "cuestión de vida o muerte", no como una "investigación académica", y aclara que apoyaba y trabajaba en ella, aunque no impulsaba su desarrollo inicialmente.
Se insinúa que Oppenheimer quería ser el "dueño" y "manipulador" de la bomba atómica, buscando control sobre su uso y desarrollo.