El doctor J. Robert Oppenheimer es recibido por el presidente Truman, mostrando el reconocimiento oficial tras el desarrollo de la bomba atómica.
Se aborda la percepción de Oppenheimer como el hombre más famoso del mundo y su rol en el fin de la guerra, aunque él minimiza su contribución individual.
Surge la preocupación por una posible carrera armamentista con los soviéticos y la necesidad de cooperación internacional en energía atómica.