Se reflexiona sobre las ambiciones de los dirigentes políticos en tiempos de crisis, considerando "miserable" a aquel que declare aspiraciones de poder en este contexto.
Se enfatiza que un buen dirigente político debe ser un buen militante y, sobre todo, una buena persona, con vocación de servicio y no solo de poder.
Se compara la situación con anunciar haber comido un asado cuando la gente no tiene qué comer, resaltando la necesidad de ser cuidadoso con las declaraciones.