Se planteó la idea de que algunas figuras públicas, al participar en programas de televisión, interpretan un "personaje" y utilizan la victimización como recurso.
Se sugirió que esta estrategia de victimización ya no resulta efectiva y puede ser percibida como una actuación forzada o decaída.
La conversación giró en torno a la autenticidad de las personalidades en los medios y cómo la representación puede diferir de la realidad.