El sistema electoral brasileño de doble vuelta fomenta una polarización extrema. El 12% de votos de derecha y centro-derecha se inclinaría previsiblemente hacia Flavio Bolsonaro en una segunda vuelta.
Existe un fuerte rechazo hacia el presidente Lula por parte de una porción de la población, principalmente el voto evangélico y sectores económicos, lo que contribuye a la polarización del panorama electoral.