Se critica duramente la retórica de Javier Milei, quien ha llegado a calificar de "terroristas" a periodistas, profesores e investigadores. Esta categorización es vista como una estrategia para deslegitimar y eliminar a la "adversario político", remitiendo a la "doctrina de seguridad nacional" de la última dictadura militar argentina.
Se señala que Milei no es original en sus planteamientos, sino que copia estrategias de otros movimientos de derecha a nivel internacional. Se menciona que esta visión de considerar a cualquier persona de izquierda como terrorista es una "locura internacional" con ecos en Argentina, donde las instituciones podrían no ser suficientes para resguardarse de tales ideas.
La comparación con la estrategia de Gramsci y la asociación de la izquierda con el terrorismo son puntos clave del análisis. Se advierte sobre la gravedad de calificar al disenso y a la protesta como actos terroristas, lo cual podría sentar las bases para una nueva ley antiterrorista.