El sistema científico ha perdido 6.400 puestos de trabajo, afectando principalmente a personal científico que se desempeña para el Estado. Muchos de estos profesionales optan por emigrar ante la insuficiencia salarial.
Se destaca la importancia de las universidades en otros países para absorber la demanda de profesionales, un rol que en Argentina recae en el CONICET, el cual mantiene acuerdos con universidades. La mayoría de los puestos perdidos corresponden a personal científico, no administrativo.