Se debate la pertinencia de la virtualidad en el Congreso, especialmente en el contexto de ajuste económico donde podría implicar un ahorro en pasajes para los legisladores. Sin embargo, se contrapone la pérdida del debate presencial, un aspecto fundamental del proceso legislativo.
La discusión se centra en la "política baja" que busca aprovechar situaciones como un embarazo para obtener votos en contra, lo cual es calificado como una "locura" y una "vergüenza". Se menciona la posibilidad de que los legisladores con recomendaciones médicas para quedarse en casa puedan cumplir sus funciones de manera remota, emitiendo su voto.