Ante la presión migratoria y el uso de seres humanos como herramienta geopolítica por parte de Marruecos, España tiene tres posibles vías de acción. La primera es presionar a la Unión Europea para que los acuerdos comerciales con Marruecos, especialmente los agrícolas, dependan del cumplimiento de sus obligaciones fronterizas.
La segunda opción es paralizar toda colaboración con Marruecos hasta que se garantice la seguridad y no se utilice la migración como chantaje. La tercera medida es incrementar la vigilancia en la zona, como la reciente instalación de boyas para impedir la entrada a nado.
Estas medidas buscan evitar futuras crisis, aunque se reconoce la delicadeza de la situación actual. Se menciona la complejidad de las fronteras y la apertura de rutas irregulares que generan tragedias humanitarias, planteando la necesidad de vías regulares de migración.