Se reflexiona sobre la conducta de los funcionarios públicos y la importancia de que den el ejemplo, tanto en sus acciones como en su apariencia. Se critica que figuras públicas, como Facundo Moyano, se vean involucradas en situaciones vergonzosas que contradicen los valores que deberían promover.
Se menciona la necesidad de que los funcionarios voten leyes de violencia de género y que su comportamiento sea coherente con sus discursos. La violencia, se señala, atraviesa todos los estratos sociales y no distingue entre clases o posiciones económicas. Sin embargo, se hace hincapié en la responsabilidad de las figuras públicas de no solo parecer sino también ser ejemplares.