Se proponen tres puntos clave para una reforma sindical en Argentina: la eliminación del sistema de unicato, la separación de las obras sociales del sistema sindical y la revisión de los aportes solidarios.
Se argumenta que el sistema de unicato, similar al fascismo italiano, permite que una sola persona represente a todo un sector, como en el caso de Camioneros.
Se critica que las obras sociales, originadas en la dictadura, no deberían estar vinculadas al sistema sindical, y que los aportes solidarios, mal llamados así, representan una carga compulsiva para los trabajadores.
Se señala que estas estructuras, combinadas con el poder de las "cajas" multimillonarias de las obras sociales y aportes, transforman al sindicalismo de un representante de trabajadores a un grupo de empresarios enriquecidos.