Se plantea que la Antártida, y no el agua, será el próximo foco de conflicto global, especialmente a partir de 2050, fecha en que expira un acuerdo que prohíbe discusiones sobre su soberanía. Se destaca el rol de Argentina como "punta de lanza" en la Antártida.
Se menciona un reciente acuerdo estratégico con Estados Unidos que podría modificar el equilibrio geopolítico en el Atlántico Sur. Se reitera la preocupación por la influencia creciente de poblaciones extranjeras en países como el Reino Unido, donde se observa la compra de tierras y la posible transformación de mansiones en mezquitas, lo que genera inquietud sobre la soberanía y la identidad nacional.