El canciller Pablo Quirno defendió la política de apertura a inversiones extranjeras, calificando de "anticuado" el discurso de que se está "vendiendo el país" o poniendo en riesgo la soberanía.
Quirno argumentó que estas inversiones buscan generar beneficios para Argentina y que existen mecanismos para regular la compra de tierras o negocios por parte de extranjeros.
Se planteó la duda sobre si estas operaciones podrían derivar en una "fuga de capitales" o un vaciamiento de recursos, similar a lo ocurrido en el pasado.
La discusión se centró en el equilibrio entre atraer inversión extranjera y proteger los recursos y la soberanía nacional, así como en la interpretación de los discursos políticos sobre estos temas.