Se insiste en la baja productividad del Congreso y se propone que la participación virtual, con la consecuente reducción de asesores y costos, sería beneficiosa. Se argumenta que la mayoría de los senadores preferiría dejar sus bancas si ganaran menos, lo que llevaría a un Congreso más eficiente y económico. Se enfatiza que la clave está en empezar a ajustar los gastos y la dedicación de los legisladores.
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