Se analiza la estrategia de comunicación del gobierno en relación con la ley de tierras, considerándola deficiente y reactiva. Se critica que el tema se abordó de manera técnica y poco clara, generando desinformación y permitiendo que la oposición capitalizara el debate con eslóganes como "la patria no se vende".
Se cuestiona la efectividad de las marchas y protestas, sugiriendo que muchas de ellas son impulsadas por estructuras políticas opositoras sin propuestas concretas. Se defiende la idea de soberanía como la potestad del Estado de ejercer la Constitución en su territorio, y se critica la concesión de tierras en Neuquén a China sin mayores reclamos nacionalistas.
Se señala que el debate sobre la ley de tierras, aunque retirado, no se alejaba de los cánones internacionales y que su objetivo era atraer inversiones, como en el caso de la industria de la celulosa, que requiere grandes extensiones de tierra.