Se analiza la decisión del Papa Francisco de no visitar Argentina, atribuyéndola a su percepción de la profunda "grieta" política en el país. Se menciona que el Papa recibió a líderes de distintas facciones políticas, incluyendo a Cristina Kirchner, Alberto Fernández y Javier Milei, y que era consciente de la división existente.
Se especula que el Papa podría haber evitado viajar para no verse envuelto en la polarización política argentina, prefiriendo no intervenir en un contexto de confrontación irreconciliable. Se contrasta esta postura con la de otros Papas que sí jugaron un rol activo en momentos de crisis.