Se plantea la idea de que el conflicto actual no es solo económico o político, sino una "batalla cultural" relacionada con la soberanía, especialmente en el tema de las tierras.
Se sugiere que el gobierno podría estar desconectado de las preocupaciones de la sociedad, generando malestar y una percepción de que se abordan temas diferentes a los que realmente importan a la gente.