Se continúa analizando la compra de tierras por parte de extranjeros en Argentina. Se menciona el caso del Emir de Qatar y un rabino de Nueva York interesado en una reserva de agua en La Rioja. Se reitera que la crítica no se basa en la religión, sino en la acción de comprar tierras con habitantes.
Se compara esta situación con la toma de terrenos por parte de bandas de paraguayos o bolivianos, argumentando que el Estado argentino debe actuar contra los delincuentes, sean extranjeros o argentinos. Se enfatiza la necesidad de diferenciar entre delincuentes y extranjeros que buscan oportunidades.