Se debate la necesidad de una estrategia política más sólida por parte del gobierno, incluyendo la designación de voceros con mayor astucia e impronta. Se critica la falta de "muñeca política" y exposición en este ámbito.
Se señala la ausencia de una militancia digital específica y efectiva, a pesar de los esfuerzos de figuras como Santiago Caputo. Se argumenta que, si bien el trabajo en redes es importante, no es suficiente para contrarrestar la narrativa de la oposición.
Se propone la necesidad de una "contraofensiva táctica" para desenmascarar los eslóganes de la oposición y evitar que dominen el debate público. Se concluye que el gobierno no puede descuidar ningún aspecto de esta batalla comunicacional.