El nuevo presidente de Colombia, Abelardo de la Espriella, asumió el cargo en Cali, una ciudad históricamente marcada por el narcotráfico, el conflicto armado y la desigualdad.
De la Espriella, un abogado sin experiencia política, gobernará hasta 2030 con un enfoque en mano dura contra la delincuencia y la corrupción, sumándose a la ola de gobiernos de derecha en Latinoamérica.
Su toma de posesión fue inusual, realizándose por primera vez fuera de Bogotá y con un fuerte componente militar, y se da en un contexto de profundas divisiones y una grave crisis de seguridad en el país.