Abelardo de la Espriella asumió la presidencia de Colombia con la seguridad como eje central de su gobierno. Enfrenta desafíos como el narcotráfico, la minería ilegal y la extorsión, con un aumento en el cultivo de coca y una crisis humanitaria crítica.
En el ámbito económico, hereda un déficit fiscal del 6,4% del PIB y una deuda neta superior al límite permitido. La subida de tasas de interés por parte del Banco de la República y la necesidad de alternativas a la economía ilícita son otros retos importantes.
El nuevo mandatario también deberá abordar la crisis estructural del sistema de salud y la gobernabilidad en un Congreso fragmentado. La polarización del país, evidenciada por una estrecha victoria electoral, añade complejidad a su gestión.