Se reitera la crítica hacia Axel Kicillof, tildándolo de hipócrita por su accionar político. Se denuncia que destina miles de millones de pesos a los presos, a quienes considera sus votantes, mientras simultáneamente recorta fondos para las escuelas.
Se cuestiona la lógica de priorizar el gasto en reclusos sobre la educación, argumentando que los precios deben comer de forma básica y no con gastos excesivos. Se plantea que la conversación política debería centrarse en la resolución de problemas reales, en lugar de gestos superficiales que no benefician a la ciudadanía.