La "agenda de libertad" impulsada por George W. Bush, que promovía la expansión de la democracia a nivel mundial, comenzó a ser rechazada por una nueva generación de conservadores.
Expertos critican que esta visión de la política exterior, basada en la idea de liberalizar y llevar la libertad a otros pueblos, se asemeja más a una ideología liberal universalista que a un enfoque conservador.
El fracaso de la guerra de Irak y la crisis económica de 2008 generaron desilusión y un creciente escepticismo hacia las élites políticas y sus narrativas.