Se critica la comunicación del gobierno sobre la venta de tierras y recursos estratégicos, considerándola deficiente. Se repudia la declaración del canciller Kirchner sobre la soberanía como un concepto anticuado.
Se argumenta que la posibilidad de que extranjeros compren pueblos o provincias enteras no se trata de adquirir un departamento o un campo pequeño, sino de una operación mucho mayor. Se cuestiona la narrativa oficial sobre los beneficios de estas transacciones.