Se cuestiona la naturalización de definiciones que denigran a colectivos, como en este caso a los periodistas, y se advierte sobre el riesgo de que esta práctica se extienda a otras profesiones.
Se recuerda la importancia de la ley de convivencia escolar y el respeto por la dignidad de los estudiantes, rechazando la violencia y la discriminación.
Se enfatiza que el diálogo y la resolución pacífica de conflictos son opuestos a denostar o destratar, principios fundamentales en la educación y la democracia.