Se criticó duramente los privilegios y gastos de los políticos, contrastando con la difícil situación económica que atraviesa la gente. Se mencionó que los senadores y diputados reciben pagos por café, comedores, choferes, asesores y sueldos elevados, mientras la población sufre la inflación y aumentos mínimos en sus beneficios.
Se cuestionó la disonancia entre el discurso oficial de mejora económica y la realidad de los ciudadanos, ejemplificado en el escaso aumento para personas con discapacidad frente a los altos ingresos de los funcionarios. Se señaló la hipocresía de quienes prometen cambios pero actúan de manera similar a la casta política tradicional.