Se reflexiona sobre la agresión como camino, descartando que la violencia sea la solución. A pesar de la pulsión de reaccionar, se enfatiza que "la violencia no conduce a nada" y que agredir al presidente Javier Milei no cambiaría la situación.
Se menciona que, si bien podría haber un "par" de trompadas, no es la forma de resolver los conflictos. Se concluye que la agresión no es el camino, a pesar de la tentación que pueda existir.