Bart Simpson confronta a George Bush, acusándolo de invadir su territorio, robarle amigos y burlarse de su forma de hablar. Le reprocha que le roba el derecho de educar a un hijo desobediente y latino.
Bush responde desafiante, indicando que ambos tendrán problemas, lo que Bart acepta con gusto, proponiendo un juego de puntería con petardos.