La disputa comercial entre Estados Unidos y Canadá escaló a un nuevo nivel de tensión. El presidente Donald Trump acusó a Canadá de aprovecharse de su país durante décadas, cobrando aranceles del 400% a los agricultores estadounidenses y llevando a la quiebra a empresas. Trump calificó a Canadá como el socio más difícil e irracional, afirmando que ya no tendrán los beneficios que creen merecer.
En respuesta, el primer ministro canadiense reafirmó la determinación de su país para proteger a sus trabajadores y empresas. Canadá aplicará aranceles del 50% a productos norteamericanos, en represalia por las medidas impuestas por Estados Unidos. La situación se agrava, ya que Estados Unidos parece querer intervenir en la política comercial de Canadá, lo que el gobierno canadiense considera una invasión a su soberanía económica.
La dependencia mutua entre ambos países es alta, especialmente en el sector automotriz, donde las partes para la construcción de autos cruzan constantemente la frontera. La escalada de aranceles podría tener consecuencias económicas significativas para ambas naciones, quienes buscan negociar para evitar un deterioro mayor de la situación.
Como un acto adicional en esta disputa, Donald Trump firmó un decreto para cambiar el nombre del Lago Ontario a Lago América, añadiendo un elemento simbólico y de confrontación a la ya tensa relación bilateral.