Se cuestiona la actitud de Javier Milei en un acto escolar, donde alentó a los alumnos a abuchear a los periodistas, sugiriendo que le gustaría que lo hicieran más fuerte.
Se critica la comparación de la propiedad privada con un mandato divino y se señala que Milei instigó a los presentes a manifestarse contra los periodistas, lo cual se considera un acto de violencia simbólica.
El segmento también aborda la contradicción de un supuesto líder libertario que ataca la libertad de prensa y fomenta la discriminación dentro de un acto escolar, utilizando un discurso que se asemeja al de una teocracia.